La vida de Jaime Carvajalino cambió antes de que pudiera dar sus primeros pasos. A los tres meses de edad, un insólito accidente lo marcó para siempre: un cerdo lo sacó de la cama en la que dormía e intentó devorarlo. Sus pies, gravemente destrozados, tuvieron que ser amputados a dos alturas distintas. Con apenas nueve meses recibió su primer par de prótesis, pero la pobreza y las dificultades hicieron que no siempre pudiera contar con ellas.
A los 12 años, y sin otra opción, empezó a fabricar sus propias prótesis con lo que tenía a la mano: bidones plásticos de pesticidas de los arrozales y suelas de botas de caucho gastadas por sus hermanos. Pasaron muchos años así, hasta que en 2018 consiguió, por fin, un par profesional nuevo. Fue un momento de alegría y esperanza.
Sin embargo, al volver a su pueblo, descubrió que esas prótesis, precisas y modernas, no resistían el trabajo pesado que, con esfuerzo y dificultad, logra conseguir para ganarse la vida. Hoy, su lucha continúa, buscando una solución que le permita no solo caminar, sino avanzar.
At 3 months of age, Jaime Carvajalino lost his feet in a surreal way: a pig pulled him from the bed in which he slept and tried to eat him. Although his feet did not come off, they were undone and had to be amputated at two different heights. Even though he received his first prosthetic feet at the early age of nine months old, these have not always been with him.
When he was 12 years old, he started crafting pairs of homemade prosthetics for himself with the plastic containers of the pesticides used in the rice fields and the soles of rubber boots his brothers would dispose of. In 2018, after years of only using his homemade prosthetics, he finally managed to acquire a brand-new set of professionally built ones. The moment brought joy to Jaime and ultimately changed his life.
However, after receiving his new pair of feet in Bogotá, he returned to his village and soon discovered that these modern and precise prosthetics were not suitable for the hard labor required in the jobs he struggles to find in the area. Today, his fight continues as he searches for a solution that will allow him not only to walk, but to move forward.
Durante 10 semanas, cerca de 130 soldados recorren paisajes inhóspitos de Colombia y enfrentan pruebas extremas de supervivencia y destreza en el Curso Internacional de Lanceros del Ejército colombiano, uno de los más respetados del mundo. A este entrenamiento asisten militares de más de 20 países para certificarse como soldados capaces de ejecutar operaciones de alto nivel en condiciones adversas.
El curso pone a prueba los límites físicos y mentales de cada participante a través de marchas extensas, maniobras tácticas, ejercicios de resistencia y simulaciones de combate. La etapa final del entrenamiento se desarrolla en la selva amazónica, donde estos hombres deben realizar largas caminatas con su equipo al hombro, sobrevivir en condiciones extremas y demostrar su capacidad de adaptación.
En medio de la humedad, el agotamiento y el aislamiento, los soldados enfrentan ejercicios de supervivencia e incluso simulaciones de rescate de secuestros. Más que un entrenamiento militar, el Curso Internacional de Lanceros representa una experiencia límite donde la resistencia física, la disciplina y la capacidad mental son llevadas al extremo.
For 10 weeks, nearly 130 soldiers travel through inhospitable landscapes of Colombia and face extreme tests of survival and dexterity in the International Lanceros (Rangers) Course of the Colombian Army, one of the most respected military trainings in the world. Soldiers from more than 20 countries attend this course to certify themselves as mentally and physically capable of carrying out high-level operations under adverse conditions.
The training pushes participants to their physical and psychological limits through extensive marches, tactical maneuvers, endurance exercises, and combat simulations. The final stretch of the course takes place in the Amazon jungle, where these men must march long distances carrying heavy equipment, survive in extreme conditions, and prove their adaptability.
Amid humidity, exhaustion, and isolation, soldiers face survival exercises and even kidnapping rescue simulations. More than military training, the International Lanceros Course represents an extreme experience where physical endurance, discipline, and mental strength are tested to the limit.
Enclavados en la Serranía del Perijá, los yukpa son un pueblo indígena binacional que lucha por sobrevivir en medio del abandono estatal, la pérdida de su territorio ancestral y la degradación ambiental. Víctimas históricas de la colonización, la expansión agrícola, la explotación minera y el conflicto armado, han sido desplazados hacia zonas áridas e infértiles, sin acceso suficiente a agua ni alimentos.
Las fumigaciones con glifosato, la contaminación de ríos y el avance de los cultivos de palma y las multinacionales carboníferas han mermado su salud y su sustento, mientras las promesas oficiales de ampliación y saneamiento territorial permanecen sin cumplir. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
A pesar de la desnutrición infantil, las enfermedades y el riesgo de exterminio cultural reconocido por la Corte Constitucional, los yukpa resisten aferrados a su lengua, sus semillas ancestrales y sus tradiciones. Las mujeres salvaguardan la memoria colectiva y los niños, con su risa y juego, encarnan la esperanza de un pueblo que, aún en la precariedad, exige el reconocimiento y la restitución de sus derechos.
Entre amenazas armadas y un ecosistema en agonía, los yukpa mantienen viva la lucha por la tierra y por su propia existencia.
In the remote Serranía del Perijá, the Yukpa—an Indigenous people straddling the Colombia–Venezuela border—are fighting for survival against the combined forces of state neglect, environmental collapse, and the slow erosion of their ancestral lands. Displaced over decades by colonization, agricultural expansion, mining, and armed conflict, many now live in arid highlands with little access to clean water or arable soil.
Widespread malnutrition, disease, and polluted rivers—worsened by glyphosate spraying and the advance of palm and coal industries—have left their health and livelihoods in crisis, while government pledges to restore and expand their territory remain largely unfulfilled. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
Yet the Yukpa endure. Women keep the community’s oral history and cultural traditions alive, while children—playing, laughing, and learning in their native language—carry the fragile hope of a people facing the threat of cultural extinction.
Between armed groups and a vanishing ecosystem, they continue their decades-long struggle, demanding not charity, but the recognition and restitution of their rights to live, farm, and thrive on their ancestral land.
Cada febrero, Barranquilla adquiere un ritmo extraordinario. Más allá de la Avenida 40 —donde, desde hace más de un siglo, se desarrollan los principales eventos de su famoso carnaval—, las calles de esta ciudad costera colombiana se transforman en un escenario de escenas vibrantes en las que la vida cotidiana se impregna del color, el brillo y la alegría de las comparsas.
Las comparsas del Carnaval de Barranquilla, uno de los principales festivales culturales de Colombia, son manifestaciones artísticas representadas por cerca de 500 agrupaciones folclóricas con una temática definida, que solamente se presentan en esta celebración que tiene lugar cada año, cuatro días antes del Miércoles de Ceniza. Hay grupos tradicionales, inspirados en disfraces, danzas y costumbres de la tradición popular, y grupos de fantasía, fruto de la imaginación, la originalidad y la creatividad de sus autores.
Every February, Barranquilla takes on an extraordinary rhythm. Beyond Avenida 40—where for more than a century the main events of its famous carnival have unfolded—the streets of this Colombian coastal city transform into a stage for vibrant scenes, where daily life is infused with the color, sparkle, and joy of the parades.
The carnival groups of the Barranquilla Carnival, one of the main cultural festivals in Colombia, are artistic manifestations represented by nearly 500 folklore groups with a defined theme and which perform specifically in this celebration held every year, four days before Ash Wednesday. There are traditional carnival groups, inspired by costumes, dances and customs of popular traditions, and fantasy carnival groups born from the imagination, originality and creativity of their creators.
Cada año, a finales de noviembre, Bogotá adopta otro ritmo. La ciudad se transforma en un corredor vivo de pasarelas, talleres, rutas comerciales y encuentros creativos que ponen a la moda en el centro.
Durante varios días, el Bogotá Fashion Week activa un ecosistema donde diseñadores, emprendedores y nuevos talentos conectan con públicos diversos.
Más que una vitrina, es una plataforma que impulsa la identidad local, dinamiza la industria y posiciona a la capital bogotana como un nodo clave de creación, negocio y proyección internacional en la moda latinoamericana.
Every year, in late November, Bogota takes on a different rhythm. The city transforms into a living corridor of runways, workshops, retail routes, and creative encounters that place fashion at the center.
Over several days, Bogota Fashion Week activates an ecosystem where designers, entrepreneurs, and emerging talents connect with diverse audiences.
More than a showcase, it is a platform that strengthens local identity, energizes the industry, and positions the Colombian capital as a key hub for creation, business, and international projection in Latin American fashion.
Maicao, una ciudad fronteriza de Colombia con Venezuela, es un desierto de plástico. La cantidad de bolsas plásticas que cubren sus calles, terrenos y caminos como si fueran campos de algodón, corresponde a la alta actividad comercial que allí existe. Sin embargo, hay otra razón: los contrabandistas de gasolina utilizan hasta siete bolsas plásticas para tapar las botellas en las que transportan el combustible y luego las dejan esparcidas por la carretera.
Maicao, a border city in Colombia near Venezuela, is a plastic desert. The sheer number of plastic bags covering its streets, lots, and roads — like fields of cotton — reflects the intense commercial activity that defines the city. However, there is another reason: fuel smugglers use up to seven plastic bags to seal the bottles in which they transport gasoline, and then discard them along the roadside.
La minería ilegal de oro en el Chocó se ha consolidado como una de las principales economías criminales en Colombia, impulsada por su alta rentabilidad frente al narcotráfico. Grupos armados como el ELN y el Clan del Golfo controlan amplias zonas, donde explotan yacimientos a cielo abierto, muchas veces en áreas protegidas. Según informes, cerca del 69 % de esta actividad es ilícita y se concentra en regiones como Chocó, Antioquia y Bolívar.
La extracción ilegal de este mineral no solo financia estructuras armadas, sino que provoca graves daños ambientales y riesgos de salud pública, como la deforestación y contaminación por mercurio. Además, evidencia la débil presencia estatal en territorios estratégicos, donde el oro se convierte en motor de violencia, degradación ecológica y economías ilegales.
Illegal gold mining in Chocó has become one of Colombia’s main criminal economies, driven by its high profitability compared to drug trafficking. Armed groups such as the ELN and the Clan del Golfo control vast areas, where they exploit open-pit deposits, often in protected zones. According to reports, around 69 % of this activity is illicit and concentrated in regions such as Chocó, Antioquia, and Bolívar.
The illegal extraction of this mineral not only finances armed groups but also causes severe environmental damage and public health risks, including deforestation and mercury contamination. It also highlights the weak presence of the state in strategic territories, where gold becomes a driver of violence, ecological degradation, and illegal economies.
El tráfico de madera está degradando los bosques de Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo. Se calcula que la tala ilegal representa aproximadamente el 10 % de la deforestación nacional y que cerca del 47 % de la producción de madera que proviene de bosques naturales del país tiene un origen clandestino.
Talar, transportar, procesar y comercializar ilícitamente árboles es una actividad común en el Pacífico y en la Amazonía, regiones donde está el 75 % de los bosques colombianos. Allí, actores ilegales y redes criminales talan especies de árboles en peligro de extinción, en zonas y cantidades prohibidas.
A su paso, utilizan a la población civil, haciendo que, cuando haya un operativo de la Policía (como el que muestran las fotos y que tuvo lugar en la ciudad de Buenaventura, Pacífico colombiano, en mayo de 2022), sean ellos quienes enfrenten las sanciones legales por dichas acciones.
Timber trafficking is degrading the forests of Colombia, one of the most biodiverse countries. It is estimated that illegal logging accounts for approximately 10 % of national deforestation and nearly 47 % of the country’s timber that originates in natural forests comes from a clandestine origin.
Illicitly logging, transporting, processing and commercializing trees is common in the Pacific and Amazon, regions where 75 % of Colombian forests are located. There, illegal actors and criminal networks log endangered tree species, in prohibited areas and quantities.
As they move through these territories, they exploit the civilian population, so that when police operations occur (such as the one shown in the photos, which took place in the city of Buenaventura, on Colombia’s Pacific coast, in May 2022), it is civilians who end up facing the legal consequences of these activities.
Entre 2019 y 2021, Colombia vivió uno de los periodos de movilización social más intensos de su historia reciente, conocido como el estallido social. Lo que comenzó como una respuesta a reformas tributarias y educativas se transformó rápidamente en una expresión masiva de inconformidad frente a desigualdades estructurales, precariedad económica y falta de oportunidades, tensiones que se profundizaron con la pandemia del Covid-19.
A lo largo del país, las calles se llenaron de voces diversas: estudiantes, trabajadores, comunidades indígenas, colectivos feministas y ciudadanía en general que encontraron en la protesta un espacio para visibilizar demandas históricas.
Este proceso estuvo atravesado por fuertes episodios de confrontación, desmanes y denuncias por abusos de la fuerza pública, así como por la muerte de manifestantes en distintos puntos del país.
Between 2019 and 2021, Colombia experienced one of the most intense periods of social mobilization in its recent history, known as the social uprising. What began as a response to tax and education reforms quickly turned into a massive expression of discontent over structural inequality, economic precarity, and lack of opportunities, tensions that were further deepened by the Covid-19 pandemic.
Across the country, the streets were filled with diverse voices: students, workers, Indigenous communities, feminist collectives, and citizens in general who found in protest a space to make long-standing demands visible.
This process was marked by intense episodes of confrontation, unrest, and allegations of police abuse, as well as the deaths of protesters in different parts of the country.
Cinco días antes de viajar a España para un semestre de intercambio, en enero de 2022, mi hermana María José (30 años, Bogotá) convulsionó por primera vez. En cuestión de horas, ese episodio aislado se convirtió en una cadena incesante de convulsiones que la llevó a un coma inducido, a meses de sedación profunda y a una hospitalización que se extendió por ocho meses. Lo que siguió cuando volvió a casa fue igual de devastador: seis meses de crisis psicóticas en las que Majo dejó de ser ella. Las crisis derivaron en múltiples entradas y salidas del hospital, prolongando la incertidumbre y el desgaste físico y emocional de toda la familia.
En medio de la falta de respuestas médicas, mi familia no solo acudió a la ciencia en busca de una explicación. También recurrió a la religión para intentar comprender lo que ocurría: en la desesperación, incluso llegamos a contemplar la posibilidad de un exorcismo. La historia clínica de María José supera las 1.000 páginas. Decenas de exámenes y múltiples tratamientos fallidos nunca lograron explicar con certeza el origen de lo que vivió: una encefalitis autoinmune aguda que atacó su cerebro y fracturó, al mismo tiempo, la vida de toda nuestra familia.
Pero esta no es solo la historia de una enfermedad. Es la historia de todo lo que una enfermedad arrastra: vínculos que se tensan hasta romperse, otros que se reconstruyen, cuidadores que entregan su vida por completo —como mi madre—, rutinas que desaparecen y relaciones que se transforman para siempre. Es el costo invisible de sobrevivir. Hoy, contra todo pronóstico, María José camina, habla, lee, escribe, estudia y recuerda su vida casi intacta. Su recuperación, posible gracias a un tratamiento experimental y a terapia con realidad virtual en 2023, desafía lo que la ciencia creía posible.
Su caso, según los médicos, podría ser único. Pero precisamente por eso necesita ser visto. Porque lo que parece excepcional también puede estar ocurriendo, ahora mismo, en otro lugar del mundo. Las imágenes que acompañan este relato fueron realizadas casi en su totalidad con teléfono celular, en medio de la urgencia, la incertidumbre y la intimidad del proceso.
Five days before traveling to Spain for a semester abroad, in January 2022, my sister María José (30 years old, Bogotá) had her first seizure. Within hours, that isolated episode turned into an unrelenting series of seizures that led to an induced coma, months of deep sedation, and a hospitalization that lasted eight months. What followed after she returned home was just as devastating: six months of psychotic episodes during which Majo ceased to be herself. These episodes resulted in multiple readmissions to the hospital, prolonging the uncertainty and the physical and emotional toll on our entire family.
Amid the lack of medical answers, my family did not turn only to science in search of an explanation. We also turned to religion to try to make sense of what was happening; in our desperation, we even considered the possibility of an exorcism. María José’s medical record exceeds 1,000 pages. Dozens of tests and multiple unsuccessful treatments never managed to clearly explain the origin of what she experienced: an acute autoimmune encephalitis that attacked her brain and, at the same time, fractured the life of our entire family.
But this is not just the story of an illness. It is the story of everything an illness carries with it: relationships stretched to the breaking point, others rebuilt; caregivers who devote their lives entirely, like my mother; routines that disappear; and bonds that are forever transformed. It is the invisible cost of survival. Today, against all odds, María José walks, speaks, reads, writes, studies, and remembers her life almost intact. Her recovery, made possible by an experimental treatment and virtual reality therapy in 2023, challenges what science once thought possible.
According to doctors, her case may be unique. But that is precisely why it needs to be seen. Because what appears exceptional could be happening, right now, somewhere else in the world. The images accompanying this story were taken almost entirely with cellphone, in the midst of urgency, uncertainty, and the intimacy of the process.
Esteban Vega La-Rotta es un fotógrafo colombiano radicado en Bogotá cuyo trabajo principalmente explora cómo fenómenos globales como la desigualdad, la violencia, la migración o la crisis ambiental se manifiestan en contextos locales.
Inició su carrera en 2016 en Revista Semana -uno de los medios más influyentes en la construcción del debate público en Colombia- donde durante una década cubrió algunos de los episodios más relevantes de la actualidad nacional, consolidando una práctica centrada en el reportaje gráfico y la narrativa visual en contextos de alta complejidad.
Desde 2026 trabaja como fotógrafo independiente y colabora regularmente con El País América y Agencia Anadolu.
Sus fotografías también han sido publicadas en medios y plataformas de referencia global como BBC News Mundo, Reuters, AFP, Getty Images, AP, El País, Frankfurter Allgemeine Zeitung y WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza), así como en el portal de periodismo de investigación venezolano Armando Info.
Esteban Vega La-Rotta is a Colombian photographer based in Bogotá whose work primarily explores how global phenomena such as inequality, violence, migration, and the environmental crisis manifest in local contexts.
He began his career in 2016 at Revista Semana, one of the most influential outlets in shaping public debate in Colombia, where for a decade he covered some of the country’s most significant current events, developing a practice centered on photojournalism and visual storytelling in highly complex environments.
Since 2026, he has worked as an independent photographer and regularly collaborates with El País América and Anadolu Agency.
His photographs have also been published in leading global media outlets and platforms such as BBC News Mundo, Reuters, AFP, Getty Images, AP, El País, Frankfurter Allgemeine Zeitung, and WWF (World Wide Fund for Nature), as well as in the Venezuelan investigative journalism platform Armando Info.